Hola a todos los colegas viajeros:
Mientras recorremos Sudamérica a dedo para escribir nuestro próximo libro, les dejo algunas ideas para quienes estén planeando un itinerario alternativo por Colombia.
Laura y yo ingresamos a Colombia desde Ecuador, por la frontera de Ipiales. Desde allí, en lugar de seguir por la Panamericana que va a Pasto, tomamos un desvío a la derecha hacia el pueblo de Sibundoy, en el departamento de Alto Putumayo, allí nos quedamos en casa de una señora que por la noche regresaba a casa tras un funeral, y que al vernos nos ofreció alojamiento. El valle de Sibundoy es muy famoso entre los buscadores de setas y ayahusca, anotarán los interesados. Desde allí a Mocoa, capital departamental, y luego hacia el norte, hacia los yacimientos arqueológicos de San Agustín e Isnos.
Cruzando un escenario espectacular conectamos otra vez con Panamericana, llegando a Cali. En Cali realizamos varias charlas educativas en el barrio popular de Siloé, en las laderas de las afueras, como parte de nuestro Proyecto Educativo Nómada. Para ellos nos contactamos con la Asociación Cultural La Red, y trabajamos en articulacón con ellos y la comunidad local.
De Cali pasamos al Eje Cafetero. Armenia y Pereira son ciudades modernas con poco para ver, y recomendamos enfáticamente evitar el Parque del Café (trampa turística) para explorar independientemente las haciendas cafeteras de la zona de Chinchiná y Palestina. A nosotros nos levantó el dueño de una, haciendo autostop, y conocimos todo el proceso del grano! En el camino, no olvidar visitar Salento, un pueblo encantador vecino al Parque Nacional Cocora, donde crecen las palmeras más altas del mundo.
La gran recomendación para esta zona es el departamento de Caldas, que en parte es cafetero. La capital es Manizales, moderna y cómoda, con buena vida nocturna, bares, etc. Pero al norte de esa ciudad empieza la diversión y los caminos poco conocidos. El pueblo que se lleva todos los premios es Salamina, patrimonio arquitectónico pero no listado en ninguna guía de viajes. Ahí nos hicimos amigos del dueño de una chiva multicolor que iba vendiendo papas de pueblo en pueblo, y así recorrimos con él San Félix, Pácora y Aguadas, sitios de producción de las míticas chivas.
Luego siguió Medellín, y de allí a Cartagena, en la costa, donde fuimos invitados a hacer sonar la campana mayor de la catedral en un concierto de campanas, parte de los festejos por el bicentenario. El barrio ideal para alojarse es Getsemaní, antiguo pero con carácter popular, y dese allí se puede visitar la impecable ciudad amurallada. Desde Cartagena, recomendamos ir a Playa Blanca, en la Isla Barú. Se puede llegar por tierra más barato o a dedo, sin pagar los 15 dólares del barco. Allí hay que llevar comida y agua, porque todo es caro. También es recomendable visitar San Basilio Del Palenque, pueblo fundado por los esclavos escapados de los españoles, a una hora de la ciudad.
De Cartagena pasamos rápidamente por Barranquilla, Santa Marta, Taganga y el Parque Tayrona, para pasar a Aracataca, lugar de nacimiento de Gabriel García Marquez, que inspiró el Macondo de “Cien años de la soledad”. Preguntar allí por el hostal del holandés Tim Buendía.
Después de Tayrona, recomendamos la Guajira. Nosotros subimos desde un cruce llamado Cuatrovías hacia el Cabo de la Vela, desde donde recorrimos pequeñas comunidades Wayuu del desierto, que habitan en “rancherías”.
Para ver fotos y leer las historias en nuestros blogs:
http://www.acrobatadelcamino.blogspot.com http://www.losviajesdenena.blogspot.com Buenos caminos!!
Juan y Laura
Acróbatas del Camino